Hay cifras que no logran explicar la realidad: vivir con tartamudez puede llegar a ser agotador tanto física como psicológicamente. Es querer decir algo, tenerlo claro en la mente y, al momento de hablar, que no salga como esperabas. Hay silencios que se vuelven eternos, repeticiones que aparecen sin aviso o bloqueos que irrumpen repentinamente. Es como estar atrapada en una cabina con doble puerta de seguridad: por más de que quieras avanzar, no logras salir. En algunos momentos, esa sensación se vive de manera casi idéntica a la que se experimenta en una montaña rusa: el cuerpo se tensa, la respiración se contiene.
TORRES MARIA PAULA - INTERMEDIO